HABLAR DE MI EM

¿Tengo que contar que tengo EM?

La información es tuya y tú decides si quieres contarlo o no, a quién sí o no y cuánta información dar.

Nadie te obliga a contarlo ni a hablar de ello.

imagen flecha
imagen hablar de mi em 1

Si lo prefieres, puedes hablar de cómo te sientes y de los síntomas sin necesidad de explicar que tienes EM. No estarías mintiendo, simplemente tú decides cuánta información dar y en qué momento, como hacemos todas las personas.

Tienes que comprender que no estás enfermo, y la gente de tu alrededor tiene que comprenderlo también. Pero si notas que no te atreves a hablar de ello, si piensas que va a traer malas consecuencias, o si no sabes por dónde empezar, puedes elegir no hablar del asunto hasta que te sientas preparado/a, o puedes pedir ayuda a tus padres, tus familiares o tus profes para que te echen una mano a la hora de hablar con los demás sobre la EM.

No debes dudar en hablar con tus padres de cualquier cosa que te inquiete; ellos quieren lo mejor para ti y desean ayudarte en todo lo que puedan. Además, es importante que estén informados siempre de cómo te encuentras, por si en algún momento pudiera hacer falta ir al médico.

Si finalmente decides contar que tienes EM, algunos consejos que puedes seguir son los siguientes:

icono 1

Es buena idea que tengas pensado qué es lo que vas a contar y lo practiques con tu familia.

icono 2

Para no quedarte atascado o en blanco, ensaya o escribe en un papel qué información vas a transmitir.

icono 3

Al igual que tú tienes muchas preguntas sobre la EM, los demás sentirán mucha curiosidad y querrán hacerte preguntas. Por eso es importante que no te importe contestarlas, y que sepas lo suficiente sobre la EM.

icono 4

A veces, contar algo a muchas personas a la vez hace que nos pongamos nerviosos. Las primeras veces que hables del tema elige a un grupo pequeño de amigos y amigas (empezando por los más cercanos) o, incluso, solo a una persona.

icono 5

También es importante elegir un buen momento para hablar. Asegúrate de que tienes el suficiente tiempo como para hablar de lo que te ocurre sin tener que ir demasiado deprisa ni dejar cosas a medio contar.